Por si prefieres escuchar en lugar de leer

Colaboració a "L'ofici de Viure"

Mi participación en “Violencias invisibles” El FOC

6.5.24

SER MADRE

Dice el Diccionario de la Real Academia que madre es la mujer que ha concebido o parido uno o más hijos. Basta el acto biológico de concebir o parir para convertirse en madre. En verdad tiene mérito el arte de  gestar vida en nuestro interior durante 9 meses, con todas las transformaciones que experimentamos en nuestro cuerpo. Y luego dar a luz, separándonos con dolor del ser que hemos creado. Pero eso es lo más fácil. La tarea descomunal viene después. Por eso, añadiría a la definición:
madre es aquel ser capaz no solo de dar vida a otro ser sino de amarlo, es decir, cuidar de esa vida, nutriéndola, protegiéndola y enseñándole a valerse por sí mismo, potenciando todos sus recursos.

Si algo he constatado en todos los años que llevo ejerciendo de coach es el enorme impacto que tenemos las madres sobre nuestros hijos, tanto en positivo como en negativo. Lógicamente, la gente que acude a la consulta suele tener alguna herida derivada de esta relación forjada en su infancia que sólo descubren cuando se manifiesta en su edad adulta. La casuística es muy variada: está la madre hiperprotectora que inocula a sus hijos todos los miedos que no ha sabido superar, la que  les escondió la identidad de su verdadero padre o que utilizó a sus hijos para ocultar una relación clandestina, la madre tan solícita que se adelantó a hacer todo lo que sus hijos ya eran capaces de hacer despojándolos de su confianza en si mismos, la que estaba tan preocupada por su apariencia personal que incubó hijas acomplejadas o anoréxicas, la madre tan exigente que aniquiló la autoestima de sus hijas, madres tan sumisas que no han sabido poner límites a sus parejas y han callado cuando los niños eran demasiado pequeños como para poder defenderse. También ha habido madres tan entregadas que no han tenido vida propia y cuando las hijas son adultas les han hecho pagar esa entrega, responsabilizándolas de su felicidad. En realidad, son  mujeres tan lastimadas que han proyectado en sus hijos sus heridas. Todas tienen su propia historia, han sido, a su vez,  hijas marcadas por sus progenitores.  Y podríamos remontarnos aquí en el tiempo, viendo que se ha ido repitiendo un círculo vicioso de patrones poco o nada maternales.
El día de la madre es una ocasión para ver cómo lo convertimos en círculo virtuoso.

Por supuesto, han existido y existen madres amorosas y madres-coraje que se han dedicado a la crianza de sus hijos con amor, superando los más duros obstáculos, y madres que han logrado y logran amar sin juzgar, ni imponer, respetando la identidad de sus hijos permitiendo que crezcan sin interferir. Benditas sean todas ellas.

Pero para iniciar ese círculo virtuoso del que hablo, quisiera hacer hincapié en la importancia de sanar –o como mínimo de reconocer,- las heridas que arrastras como hija para ser una madre capaz de estar presente y amar a tus hijos sin que tu pasado los lastime.

Antes de embarcarnos en la maternidad, igual que nos preocupamos por tener un hogar acogedor y unos recursos materiales para poder ofrecer al bebé un entorno cálido y seguro para su crianza es imprescindible ocuparnos también de preparar nuestro hogar interno.

Ver cómo está nuestra capacidad de dar y recibir. ¿Estamos condicionadas todavía por lo que vivimos en nuestra infancia? ¿Qué relación tenemos con nuestros padres, estén o no vivos? Se trata de revisarnos sin juicio, con comprensión y sobre todo con ganas de transformar en aprendizajes lo que en su día tal vez fue doloroso. La intención es evitar infligir a nuestros hijos el mismo daño que sufrimos. Seguramente, los adultos no fueron conscientes de las consecuencias que su conducta podía tener en nuestra vidas. Por eso es importante revisar este aspecto de nuestra biografía. Porque si no lo elaboramos, lo repetimos o actuamos condicionadas por aquello que ignoramos. ¿Quién no se ha sorprendido diciendo o haciendo aquello que más le molestaba que su madre le dijera o hiciese durante su infancia? Nuestro cerebro tiende a repetir los patrones que han quedado grabados en él. Pero también es capaz de transformar esas conductas y crear nuevos circuitos neuronales que nos ayuden a actuar de forma diferente.

Para tratar con amor a nuestros hijos, necesitamos antes mirarnos con amor, sobre todo, si no lo recibimos en nuestra infancia.

Entrar dentro de una misma, ver qué necesitó la niña que fuiste y tratarte hoy como te hubiese gustado que tu madre hubiese hecho. Esa es la madurez para mí. Hacerte de madre como hubieses necesitado. Mirarte, hablarte, cuidarte, comprenderte de manera que puedas sentirte segura, valiosa, comprendida, suficiente, aceptada, amada. Entonces podrás hacerlo con tus hijos, sin cortapisas. No importa que sean ya mayores, lo que hagas ahora contigo cambiará tu relación con ellos para bien.

Así que en el día de la madre, mi deseo a las que ya lo son y a las que están pensando en serlo es el siguiente: prepárate interiormente, mira qué experiencias de hija te han marcado, porque marcarán a tu prole si no eres consciente y las proyectarás. 
Y si no lo crees, ¿por qué no probarlo? ¿Qué habría podido pasar si tu madre lo hubiese hecho? ¿Cómo habría sido vuestra relación si ella hubiese comprendido la transcendencia que había tenido su relación con tu abuela?
Por eso, aunque oficialmente celebremos a las madres, deseo feliz día a las hijas que se atreven a revisar su relación con ella.

Marita Osés

5 de mayo 2024


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22.4.24

Sant Jordi 2024 (II Un día para regalar)

Lo que hace especial al día de Sant Jordi, entre otras cosas, es que nos da un motivo bonito para ser generosos
. Es un día para regalar. Un espacio que invita a compartir la alegría de dar, además de un homenaje a aquello que más nos nutre:


la belleza y la palabra. La belleza de la rosa no tiene otro propósito que estar presente y regalarnos su color, su perfume, su textura, su forma armónica.

De manera tan sobria nos transmite el poder de simplemente ser. Sé lo que eres allá donde estés. No quieras ser otra cosa, no lo pretendas, no finjas. Sus pétalos    dispuestos en espiral, su tallo, sus espinas son suficientes y tienen sentido siendo tal como son. Año tras año llego a casa, después de callejear ojeando decenas de libros, coloco la rosa sedienta en un jarrón con agua y la miro largamente, con su tallo erguido y los pétalos abriéndose hacia el cielo, y cada año me dice lo mismo:

“Es todo mucho más simple de lo que te parece. Limítate a ser, sin pretender nada más.”

La rosa no hace nada. Despliega sus colores, su forma, su aroma…ni siquiera espera gustar a todo el mundo.

“Gústate tú y te desplegarás con más convicción, cuida aquello que eres y sentirás la satisfacción de responder a lo que estás destinada a ser. “

Me lo repite porque cada año me olvido y vuelvo a complicarme la vida queriendo hacer tantas cosas y olvidándome de simplemente SER.


La rosa siempre me ha parecido una flor aristocrática, tan aterciopelada ella, tan perfecta. Pero el día de Sant Jordi se convierte en una flor popular, al alcance de todos. Con más o menos adornos, de uno u otro color, de tallo grueso o fino, más largo o más corto, ese día las rosas son asequibles a todo el mundo. Se compran de una en una, pensando en las personas a las que irán destinadas y llevan un mensaje implícito:

📚 “Me importas”. 🌹

Todos necesitamos oír eso de labios de otra persona. He pensado en ti. Te tengo presente. Y con esta rosa te lo expreso, te lo confirmo, te lo hago saber, o si ya lo sabes, me ratifico. No tiene por qué ser el amor de tu vida, puede ser tu compañero de trabajo o de estudio, tu abuela, tu amiga, tu madre, tu prima , tu empleada o el vecino o vecina que te cae la mar de bien. Se dice que Sant Jordi es el San Valentín de Catalunya, pero no estoy de acuerdo. El día de Sant Jordi, además de a los enamorados, se regala rosas a personas cuya presencia en nuestras vidas agradecemos.


🌹Si elegir la rosa entre tantas formas y colores es complicado, no digamos ya elegir el libro. Tenemos que conocer los gustos lectores del destinatario y eso hace también que pensemos en él, lo tengamos presente y nos devanemos los sesos si lo que queremos es sorprenderlo. 📚

Sería mucho más fácil preguntar qué título le haría ilusión e ir sobre seguro, pero ¡qué gratificante es arriesgarse a elegir sin consultarle y acertar!  Regalar un libro que te ha gustado es abrir tu corazón a aquella persona a quien se lo regalas, pues en esa elección estás tú, y en aquella historia hay probablemente una parte de ti que queda expuesta y que le entregas, exponiéndote a su opinión. Recibir un libro que le ha gustado a otra persona me invita a bucear en él en busca de ella, descubrir aquellos elementos que me hablan de su ser, de lo que conozco y lo que desconozco, y el libro se convierte en un amigo que nos ha presentado y que nos vincula por lo que cuenta y por cómo nos afecta.

Nace una complicidad nueva entre dos personas, cada vez que se regalan un libro elegido con el corazón.

El espíritu que se respira por las calles en el Día del Libro es de generosidad, entrega, amor, gratuidad. Porque sí, porque el día te invita a ello. Hay un ambiente festivo en las calles, aunque la jornada sea laboral. La rutina de la semana deviene fiesta. Y todo ¿por qué? Porque alguien encontró un motivo, para que el día fuese especial.

¿Cómo sería nuestra vida si cada día encontrásemos un motivo para que ESE día fuese único?

Sería…, pero eso me da pie para el próximo post. 
¡Feliz día de Sant Jordi!


Marita Osés, 17 abril 2024