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Sin duda, como todo lo que tiene que ver con la existencia humana, el proceso de envejecer tiene aspectos mejores y peores.
Envejecer es aprender a llevarme bien con TODO lo que llega a mi vida, encontrándole un sentido.
Paz es la gran conquista del envejecer, gracias a la aceptación, al agradecimiento y a la lentitud.
La sociedad actual nos hace ir deprisa e imposibilita que conectemos con la verdad.
Uno de los hitos del aspecto positivo de envejecer es el hecho de tomar conciencia.
Envejece bien aquel que se alinea cada vez más con su esencia.
Hay un miedo que nos acecha en cualquier periodo vital pero que se asocia más a la vejez, que es el miedo a la soledad.
En esta labor de toma de conciencia, uno de los hallazgos más gratos ha sido darme cuenta de que no estoy sola. Cuando llevas la atención a tu interior, descubres que estas habitada por tu mejor aliada, que dentro de ti hay “alguien” con quien puedes hablar, intercambiar opiniones, a quien puedes escuchar, cuidar y pedir, que está incondicionalmente a tu lado…cuando descubres a ese ser nunca estás sola.
Experimenta soledad aquella persona que no aprende a estar consigo misma.
Cuando estás con un buen amigo, no acabarías nunca la cita, vas concatenando anécdotas, temas que os interesan a ambos, y siempre queda algo por compartir. Eduardo Galeano lo plasma de maravilla en uno de sus cuentos de El libro de los abrazos. Cuenta que dos amigos se encuentran después de mucho tiempo y empiezan a conversar emocionados. Cuando cae la noche, se dan cuenta de que es hora de regresar a casa y uno le dice al otro, “Va, te acompaño caminando hasta tu casa” porque no quieren interrumpir la conversación ni separarse. Cuando llegan a su destino, el que tendría que entrar le dice a su amigo : “Va te acompaño hasta tu casa y allí nos despedimos”. Y la noche transcurre caminando por la calle hasta el amanecer, de una portería a la otra, porque ninguno de los dos se resigna a poner fin al encuentro, de tan a gusto que están juntos.
¿Estás a gusto contigo?
La relación que establezcas contigo determina en gran parte cómo vives tu vida y por lo tanto cómo llevas el proceso de envejecer.
¿Te tratas como un buen amigo o eres tu peor juez?
Un buen amigo no juzga. Disculpa, respeta, acompaña, está presente.
Cuando está contigo, puede darte conversación o respetar tu necesidad de silencio. Animarte cuando necesitas un empujón o hacer que te lo pienses dos veces antes de responder a un impulso cuyas consecuencias no eres capaz de prever. Te ayuda a tomar decisiones porque te conoce como nadie. Comprende tus reacciones más allá de las explicaciones que puedas darle. Todos deberíamos cultivar esa amistad interior, buscando y reservando tiempos para estar “solos”, es decir, con nosotros mismos.
Estar siempre en compañía de otras personas nos impide descubrir esta dimensión individual.
Envejecer es agradecer el camino recorrido, el punto al que has llegado y el camino incierto que te queda por recorrer.
Aprender a recibir y a sentir gratitud por lo recibido. Reconocer tu vulnerabilidad y descubrir cuánto te acerca a los demás seres humanos.
Envejecer es pillarle el truco a la vida. Hay que ponerse a ello sin tregua. Los más jóvenes: ¡empezad ya! El tiempo que me queda, cuya duración ignoro, es precioso.
Envejecer es pillarle el gusto a la vida en estado puro, sin necesidad de efectos especiales para que nos resulte atractiva.
Libres de condicionamientos. Puede que envejecer conlleve menos salud y limite nuestra libertad de movimientos, pero si conseguimos liberarnos de nuestras cárceles mentales, las pérdidas valdrán la pena y disfrutaremos de sentirnos internamente cada vez más ligeros…para salir volando sin dificultad alguna, el día que nos toque. Que así sea.
Marita Osés
18 marzo 2026
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