Por si prefieres escuchar en lugar de leer

Colaboració a "L'ofici de Viure"

Mi participación en “Violencias invisibles” El FOC

20.10.21

Reconocer tus pérdidas, recuperar tu poder personal


A veces, en una sesión de coaching, mientras exploramos algún patrón de comportamiento que está distorsionando el presente de la persona, descubrimos algún elemento o aspecto de su pasado que no había
formado parte del relato que había hecho de su vida.

De repente, este elemento adquiere un significado y una relevancia especiales. En muchos casos, se trata de una pérdida. Algunas no podemos olvidarlas de tan dolorosas que son, pero otras, las enterramos sin darnos cuenta, precisamente para dejar de sentir el dolor que de otro modo nos provocarían.
No somos conscientes de hasta qué punto ciertos sucesos de nuestro pasado han marcado nuestro carácter, nuestras decisiones, nuestra actitud vital. Reconocerlo es el primer paso para comprender el impacto que están teniendo en nuestra vida y recuperar nuestro poder personal.

No tienen por qué ser pérdidas objetivamente dramáticas, sino ser percibidas como tales por la persona que las sufrió. A un niño sensible a quien su padre no solo le negó el deseo de recoger a un gatito abandonado sino que le obligó a ahogarlo, ese hecho puede cargarle de culpa de por vida, o de terror hacia la crueldad de su padre o de los hombres en general, o en positivo, hacerle apostar de manera decisiva por una actitud no violenta. Por otro lado hay sucesos que hieren nuestro núcleo más profundo: la muerte de un ser querido, el divorcio de los padres, la separación de un amigo íntimo por razones de traslado, un despido, una enfermedad grave y repentina…. Todos ellos conllevan pérdidas inesperadas e importantes que se incorporan a nuestro ADN emocional.

Estamos hechos tanto de presencias como de ausencias.

Los que están en nuestro día a día nos influyen, los que no están también, aunque ni siquiera llegáramos a conocerlos. Y si no, que se lo pregunten a quien no ha conocido a su padre o a su madre, o a quien nació después de que muriese un hermanito, o a quien oyó día tras día hablar de un abuelo eminente cuya sombra le ha perseguido toda su vida.
Esas ausencias condicionarán en gran medida las actitudes, decisiones y acciones de los que las sufran, sean conscientes o no de ellas. La experiencia de un amigo que no estuvo a tu lado cuando lo necesitaste puede convencerte de que la amistad no es un valor, ese regalo prometido que nunca llegó puede hacerte desconfiar de cualquier promesa, esa pareja que te abandonó después de soñar futuros contigo puede convertirte en un escéptico frente al amor, ese ser querido fallecido en accidente te enseña cruelmente, y de un día para otro, que la vida es efímera y que somos impotentes frente a muchos sucesos que no controlamos. Ante eso, tu reacción puede ser convertirte al hedonismo, o  a ser un planificador compulsivo en un intento de controlar cualquier imprevisto que amenace con hacerte perder la seguridad o la estabilidad, como ocurrió en otro momento de tu vida.

¿Qué utilidad tiene conocer el impacto que han tenido las pérdidas en nuestras vidas?


Darnos cuenta de que muchas veces no estamos actuando en base a la situación presente sino reaccionando a un hecho pasado. Siendo  conscientes del rol que han tenido las pérdidas en nuestro recorrido vital, podremos desactivar el sistema defensivo que se desencadena en nosotros cuando conectamos con un dolor que nos remite al que nos produjo esa pérdida.

Si estamos a la defensiva, no decidimos, decide nuestro sistema defensivo por nosotros. Y nos lleva a situaciones que no deseamos. Si tomamos conciencia de lo que interfiere, podemos decidir qué hacemos con ello y recuperar así nuestro poder personal.

Marita Osés, 20 octubre 2021

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13.10.21

Reivindicar tu esencia después de haberla ignorado durante tiempo

El día en que te das cuenta de que junto a una  persona has dejado de ser como eras  para no incomodarla, molestarla o provocar una situación que pudiese afectar a vuestra relación, es muy posible que la reacción sea enfadarte con ella y, tal vez, alejarse para poder ser tú. 


Te parece que ha sido “por su culpa” que has renunciado a tu esencia. Sin embargo, seas consciente o no de ello, fuiste tú quien decidió ir haciendo concesiones hasta que olvidaste quién eras,  porque valoraste más mantener la relación que ser fiel a ti. Casi todos lo hicimos de niños, para que mamá o papá no se enfadaran, así que todos llevamos dentro ese patrón de conducta y lo repetimos sin darnos cuenta… hasta que la vida nos avisa de que estamos renunciando a nosotros mismos sin que sea necesario. 


El primer síntoma es el deterioro de la relación y por eso pensamos que tiene que ver con ella. En un análisis más profundo de lo que está ocurriendo la persona puede sentir que está harta de sentirse a disgusto, tensa, insatisfecha, incluso herida, sin que la otra persona esté causándole dolor intencionadamente. Si mira adentro, le duele el alma, porque hace tiempo que no la escucha, aunque en infinidad de ocasiones, la sensación que tiene es que es la otra persona quien no le escucha.


¿Cómo hacer para reivindicar nuestra esencia cuando nos damos cuenta que la hemos descuidado, enterrado, olvidado?




Lo primero, contrarrestar la inercia de vivir ignorándote. Empezar a escuchar tus deseos y necesidades y atenderlos. Validarlos significa que te crees con derecho a ser como eres.




Esto puede ser difícil si llevabas mucho tiempo priorizando a la otra persona por delante de ti y puede provocar una sensación de egoísmo que te hará pensar que no vas bien. Por  el contrario, esa sensación es precisamente la señal de que vas por buen camino, porque empiezas a pensar en ti por primera vez.  Ser considerado, atento y cariñoso contigo no es egoísmo, es amor a uno mismo. 


Lo que ocurra con la relación cuando tú entres en este proceso de recordar quién eres y te des el derecho a manifestarte como tal dependerá de lo que decidáis ambos. Lo primero es explicar a la otra persona lo que te está ocurriendo y darle elementos para que te comprenda. Si es incompatible tu evolución personal con la relación, probablemente decidas alejarte. Una ruptura consciente no tiene por qué ser un fracaso si os agradecéis mutuamente lo que os habéis dado el uno al otro y transformáis el dolor en aprendizajes que os serán útiles más adelante.   Si la otra persona respeta tu proceso y las consecuencias que tendrá en vuestra relación, tenéis por delante un camino de crecimiento enorme. Es importante no invalidar el pasado  por haber llegado a este punto de no retorno.

Seguramente tuvo sentido mientras estuvo planteado de esa manera, y fue ese planteamiento el que te permitió darte cuenta de lo que te sucedía. Ambos necesitareis introducir algunos cambios si deseáis mantener viva la relación, y eso puede no ser fácil, pero si os dais la oportunidad de hacerlo, os daréis cuenta de que el horizonte de la misma era mucho más amplio de lo que jamás habíais pensado.


Marita Oses, 13 Octubre 2021

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