Por si prefieres escuchar en lugar de leer

Colaboració a "L'ofici de Viure"

Mi participación en “Violencias invisibles” El FOC

2.2.22

Irradiar lo que eres

Más de una persona me comenta que otros ven en ellas cualidades que ellas mismas no se reconocen. “Me dicen que transmito paz y yo creo que soy nerviosa.” “Que transmito confianza y a duras penas confío en mí.” “Que irradio alegría y por dentro no me siento optimista.”

A mí misma, en uno de los momentos más dubitativos de mi vida, alguien me dijo cuanto envidiaba la solidez de mis convicciones y mi forma de pisar fuerte. Me quedé pasmada. ¿Cómo podía estar dando esa imagen tan falsa sin darme cuenta? ¿O tal vez estaba engañándome yo, convencida de algo que solo era real en mi cabeza?


A veces lo que piensas de ti te aleja de lo que eres de verdad. Y lo que otros ven en ti, puede estar más cerca de tu verdad de lo que tú sientes. Cuando una mirada ajena, limpia y exenta de juicio, te  descubre algo que por ti mism@ no ves, vale la pena prestar atención porque puede estar haciéndote un gran regalo. Su mirada no tiene los filtros que tiene la tuya y que tal vez sean los que te impiden verte en tu totalidad.

En ocasiones, es el mismo miedo a defraudar a las personas que tienen altas expectativas de nosotros lo que bloquea las cualidades que poseemos y no permite que salgan a la luz. El crítico interno nos convence de que no vale la pena ni intentarlo.

Cierto es que si estás más conectada con tu crítico será más difícil que veas lo positivo que hay en ti, pero tu esencia se colará por donde pueda porque a eso ha venido: a manifestarse. Hay que estar atenta a sus señales. E invertir un poco de tiempo en conocernos.



La alegría de ser se irradia de manera natural sin que intervenga la voluntad
.
El feliz descubrimiento de lo que hay dentro de ti, pugnando por salir, es lo que te impulsa a caminar.

Cuando entras en contacto con esa verdad que es tu identidad, conectas con una fuente de energía inagotable. Por ello, vale la pena entrar en ese espacio interior –aunque no estés acostumbrad@ al silencio- y buscarte. O bien mírate en los ojos de alguien que no juzga y descubre quien eres. Hazte este regalo, y serás un regalo para el mundo.



Por eso,
si alguien te dice que transmites algo de lo que no eres consciente, recoge ese dato y cuídalo, nutre en ti ese aspecto y date cuenta de si te satisface cultivarlo y experimentarlo.

Estarás conectando con una parte de ti que ignorabas, pero que tiene un papel importante que desempeñar en tu plenitud. Dale una oportunidad, pues puede ser algo muy genuino tuyo, aunque si tienes una imagen de ti distorsionada, es probable que seas incapaz de identificarte con eso que te señalan. Permite que la paz, la confianza, la alegría o lo que sea que te digan que irradias atraviesen la idea que tenías de ti y se abran paso y se materialicen, para que te enteres de que eres mucho más de lo que crees, mucho más de lo que eres capaz de ver. 

Tienes derecho a irradiar aquello que eres, pues por algo te ha sido dado. Como el mar que sólo puede ser mar, unas veces bravo, otras tranquilo, unas veces juguetón, otras, amenazador. Como el pino que solo puede ser pino y no envidia al olivo, porque en el jardín hay sitio para ambos y el jardín es lo que es porque están los dos. Igual que el cielo solo puede ser cielo. Y debajo de él, uno puede sentirse unas veces cobijado, otras a la intemperie.


De ese mismo modo, tú solo puedes ser tú.
Dejar tus energías en querer ser alguien distint@ es una pérdida de tiempo, pero, sobre todo, de gozo.

Gozo de ser quien eres, gozo de descubrir que tu lugar en el mundo está reservado eternamente y por siempre y que, deseando ocupar otro, te pierdes el tuyo  y violentas el de otra persona. Y lo que es más grave: coartas lo más esencial: tu libertad de ser. Pierdes la libertad de amarte. Imprescindible si quieres empezar a AMAR.

Marita Osés
2 febrero 2022

Si tienes algo que compartir o agregar a esta reflexión, me encantará leer a continuación, en los comentarios, tus sentimientos y opiniones.

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26.1.22

¿GUSTAR O ESTAR A GUSTO?

¿
Cuánta energía inviertes en gustar a otros?
¿Cuánta en estar a gusto contigo mism@? Cuando te esfuerzas por gustar, estás mirando fuera de ti, entregas tu poder a las personas y dependes de su reacción favorable. No eres libre.
¿Te has preguntado por qué necesitas su aprobación? Probablemente porque no te la has dado tú.

Hay personas que viven con un mandato interno implacable: “Tengo que gustar”. Para sentirse seguras, buscan conseguir el visto bueno de los demás, sean quienes sean y cuantos más mejor. Son personas poco conscientes de su valor intrínseco. Se visten, se expresan, se mueven para ganarse la aceptación de las personas que tienen delante. Necesitan que las vean y las validen desde fuera para sentirse alguien. Si perciben indiferencia, desagrado o, peor aún,   rechazo entran en desesperación y reaccionan interpretando papeles que las alejan todavía más de su identidad real. Pierden el sentido común y se ven invadidas por la culpa. “¿Qué habré hecho mal?”. Olvidan que la reacción de una persona SIEMPRE tiene que ver más con esa persona que con aquello frente a lo que reacciona. 
Cada vez que adoptas un personaje para gustar y te alejas de la persona que eres, te estás haciendo precisamente lo que detestas que te  hagan: rechazarte.
¿Qué personajes representas para gustar?
¿Qué parte de ti queda oculta con ellos?
Si te despojases de todo aquello que usas para lograr el reconocimiento de tu entorno ¿qué te queda? ¿Qué hay dentro de ti que es genuino e identitario? CON ESO BASTA para que tu estés a gusto. Pero si no estás convencid@ de lo que vales, si NO te aceptas, te parecerá imposible gustar tal como eres. 
Y seguirás repitiendo  el patrón que aprendiste en tu infancia que te llevó a intentar agradar a papá y mamá para que te quisieran, y luego a tus amistades para sentirte que pertenecías al grupo, y luego a tu pareja….. Estuviste tan pendiente de ellos, que ignoraste a tu referente interno, a tu ser profundo. Este ser es el único que sabe exactamente lo que necesitas para estar a gusto. Dentro de ti hay alguien que, si lo escuchas, te dice: “Tienes derecho a ser como eres”. Y a quien no le guste, que mire para otro lado. El mayor acto de libertad es concederte el poder de validarte.
¿Cómo aprendes a liberarte la mirada ajena y empiezas a dar poder a tu ser profundo?
1º Escuchándote: ¿Qué necesito ahora para estar a gusto? ¿Comodidad, descanso, diversión, eficacia, calma, aceptación, colaboración, espacio, tiempo? Pues me concentro en eso.
2º No dejando que tu mente te distraiga discurriendo qué necesita la otra persona para estar a gusto contigo.  
En multitud de ocasiones las primeras citas son un fracaso porque, por querer dar una buena  impresión, representamos un papel que no le llega ni a la suela del zapato de la persona que somos  en realidad. Pero como no te valoras, te ignoras e inventas otra. 
La sensación de paz, plenitud, bienestar, ligereza que emanas por el mero hecho de estar a gusto contigo mism@ es lo más magnético que puede existir: El permitirte ser genuin@, ser como eres. Estar presente sin estar peleándote con ninguna parte de ti, sin preocuparte de qué es lo que piensa la persona que tienes delante, esa armonía interna que se traduce en naturalidad bate todos los récords de seducción, porque no hay nada más poderoso que la autenticidad. Si la relación que tienes contigo es de aceptación, vas a estar libre de la necesidad de “venderle la moto” a nadie. Es entonces cuando gustamos sin siquiera pretenderlo.

Marita Osés, 26 enero 2022

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